Educación y formación en Matria I (principios y roles)

Todos mis hermanos y hermanas fuimos a la misma ágora, el nombre que reciben las escuelas de nuestro mundo, y nada más entrar aprendí los dos principios sagrados que todo hombre y mujer a lo largo de su vida debe cumplir, que aunque en mi casa ya los había interiorizado por parte de mi madre y por lo que ya sabía de mis hermanas y hermanos, fue la primera instrucción que recibí en mi primera clase cuando cuando la profesora terminó de presentarse.

A cada uno de nosotros nos dio una tabla que contenían los principios ginárquicos, a las niñas una tabla que contenían los principios DAS y a los niños una tabla que contenían los principios SOI. Unos principios que a lo largo de nuestros doce años de escuela nos fueron inculcando para que lo fuéramos asimilando como parte de nuestra conducta y nuestro ser.

Los principios DAS que fue entregados a las niñas correspondían al principio de Dominio, principio de Autoridad y principio de Superioridad, y los principios SOI que fueron entregados a los niños correspondían a los principios de sumisión, principio de obediencia y principio de inferioridad. Nuestra maestra nos dijo que nos llevásemos las tablas que nos habían entregado para que las tuviéramos en nuestra casa, que el tiempo que estuviésemos en la ágora iríamos comprendiendo lo que significaban.



PRINCIPIOS GINÁRQUICOS


PRINCIPIOS D.A.S.

Principio de Dominio 

Mujer,

Eres la líder natural, cabeza de la Matria, matriarca de la Gina, y gobernante suprema de la Ginarquía y de toda la humanidad.
Tú diriges, moldeas e instruyes al hombre, a tu gusto y a tu modo, para que te sirva con entrega y entera sumisión. 
Le educas y disciplinas cuando lo consideres conveniente para que se haga cuenta de que tu dominio es convincente. 
Toma el control de lo que te pertenece y no dudes en hacerlo a tu imagen y semejanza. 
Dominar es tu destino y ser dominante es tu rol que te guiará en tu camino. 

Principio de Autoridad

Mujer,

Eres fuente de toda autoridad a las que todos los hombres se pliegan y obedecen, la ley y el orden que imparte justicia y ejecuta castigos.
Sujeto de soberanía, eres la autoridad suprema e inapelable de gobierno. 
Tú pones las reglas y normas de tu casa, y redactas las leyes de la sociedad que gobiernas.
Los hombres te deben obediencia porque tu autoridad es infalible e incuestionable. 
Tus gustos, tus deseos y tus órdenes deben ser servidos, satisfechos y cumplidos.

Principio de Superioridad

Mujer,

Eres superior porque eres principio y portadora de vida y estás en la cima de todo lo que te rodea.
Eres madre, guía y benefactora de la humanidad que cuidas de los tuyos y riges sus caminos. 
El hombre te respeta, te venera, y te adora porque confía en tu buena justicia y gobierno.
Asume tu papel en el mundo y siéntete poderosa en tu grandeza.


Principios S.O.I.

Principio de Sumisión

Hombre,

Eres servidor natural de la Gina y Matria de tu madre y de la Matria y Gina de tu Consorte.
Te sometes a la Mujer, a su gusto y a su modo, para servir y entregarte a la Mujer con entera sumisión.
Eres educado y disciplinado cuando ella lo considera conveniente para que así aprendas a serle complaciente.
Perteneces a la Mujer y te indicará siempre lo que has de hacer a su imagen y semejanza.
Servir es tu destino y ser sumiso es tu rol que te guiará en tu camino.

Principio de Obediencia

Hombre,

La Mujer es fuente de toda autoridad y debes plegarte a Ella y a toda ley, orden, justicia y castigos que Ella te imponga.
La Mujer es sujeto de soberanía y tú estás atado a Ella, como objeto de su servicio, y a todo lo que Ella te diga.
Obedecerás las reglas y normas de la casa de tu madre y de tu consorte, y obedecerás las leyes del Gobierno de la Mujer.
Serás siempre obediente y acatarás la autoridad de la Mujer porque sabes que su autoridad es infalible e incuestionable.
Los gustos, deseos y órdenes de la Mujer deben ser servidos, satisfechos y cumplidos por pu parte.

Principio de Inferioridad

Hombre,

Eres inferior a la mujer porque naces de Ella y a Ella le debes tu vida.
Acepta tu inferioridad y acepta que Ella te guíe y sea tu benefactora por tu bien y el de la humanidad.
La mujer te respeta y espera lo mejor de ti para que le sirvas y obedezcas en su buen gobierno y buena justicia.
Asume tu papel en el mundo y siéntete dichoso de estar bajo el poder de la Mujer.



Por supuesto que estos principios los fuimos aprendiendo (y los chicos, no lo niego, a veces con unas justas azotainas o de cara a la pared) y se repetían en casa por si no nos había resultado suficiente, y que a lo largo de los años los fuimos cumpliendo felizmente porque íbamos asumiendo nuestro feliz cometido de servicio y obediencia a la mujer, siendo humildes y aceptando nuestra posición respecto a las mujeres que sobre ellas tendrían la responsabilidad de mandarnos en casa y en el gobierno.

Nuestras maestras nos instruían en esos principios y se aseguraban que cumpliésemos nuestros roles, mientras que nuestras compañeras iban adquiriendo una mayor ascendencia sobre nosotros en sus funciones e iban imponiéndose a medida que íbamos pasando de curso. Era muy común que un chico de 18 años obedeciese a cualquier petición de una niña de 12 años, se nos inculcaba el respeto y la obediencia hacia la mujer que su mera presencia nos obnubilaba y agradecíamos que acudiesen a cualquiera de nosotros para cumplir cualquier tarea que alguna compañera nos demandase.

Las asignaturas eran las mismas para todos y en la misma aula para chicas y chicos, pero había una asignatura que se daba por separado, las clases de rol y actitud, y que luego había prácticas conjuntas que se debían seguir realizando durante el resto de la jornada escolar. Nosotros nos encargábamos de ir limpiando las aulas antes y después de cada clase mientras que ellas nos dirigían, nos aleccionaban y nos animaban a hacer correctamente nuestras tareas.

Se fue haciendo muy natural que ellas mandasen y que nosotros obedeciésemos. Las maestras les enseñaban a ellas que debían tratarnos como un bien preciado y que, desde esa premisa, aprendían a usar su dominio, autoridad y superioridad sobre nosotros, a la vez que nosotros aprendíamos a comportarnos en sumisión, obediencia e inferioridad para estar atentos a lo que ellas quisieran.

Cada chico llevaba un collar con un distintivo que señalaba la matria y la gina a la que pertenecía cada uno, y las chicas llevaban una pulsera con un distintivo que señalaba la matria y la gina de la que formaba parte, así que cuando yo cometía una infracción llamaban a cualquiera de mis hermanas para que ella hablase en mi nombre y me reprendiese. Luego nuestras hermanas daban cuenta a nuestra madre de cómo habíamos actuado en las clases y tiempo libre y obraba en consecuencia conmigo y con mis hermanos, y así era en todas las matrias. Desde pequeños con 5 años hasta mayores con 18 años, a chicos y chicas nos formaron en nuestro rol según los principios ginárquicos. La matria y la ágora complementaban nuestra educación y formación.

Las maestras era respetadas y reverenciadas, pero no eran las únicas que nos enseñaban, pues estaban sus ayudantes que a veces nos daban clases bajo las directrices que las maestras disponían y eran nuestros ejemplos a seguir a la hora de saber tratar a una mujer, de cómo dirigirnos a ellas y cumplir con nuestro rol adecuadamente, aquellos hombres nos daban ejemplo de lo que todo hombre debía ser.

Los doce cursos estaban formados por cuatro grupos de 40 alumnos, en donde en cada grupo las chicas formaban un órgano colegiado de decisión de tareas para nosotros y entre ellas elegían a la delegada que hablaría con la maestra sobre cualquier duda que ellas tuvieran. Las chicas iban tomando cuenta de sus responsabilidades y adquirían hábitos de mando y coordinación de gobierno y nosotros adquiríamos los deberes que nos correspondían, de servicio y entrega hacia nuestras líderes de clase. Había un orden jerárquico claro y evidente que se reflejaba en el trato, nuestras compañeras podían tutear a la maestra y nosotros debíamos tratarlas de usted, y así se nos fue mentalizando en el trato para adecuarnos mejor en nuestro rol.

Los recreos y tiempos libres cada alumno podía hacer lo que quisiera, pero cuando una chica nos requería algo debíamos dejar lo que estábamos haciendo y participar en los juegos que ellas querían que participásemos. No cumplir con cualquier requerimiento o el simple hecho de ignorarlo suponía una infracción y una falta de respeto grave que luego en nuestra casa ya podríamos prepararnos para un buen castigo. La de veces que nuestros hermanos suplicábamos a nuestras hermanas para que no dijeran nada a nuestra madre, pero ellas eran inflexibles y cumplían su deber e incluso ellas mismas por indicaciones de nuestra madre podían castigarnos, y es que a base de repetir y repetir no tardábamos en asumir que era por nuestro bien, que la base de un buen cumplimiento y acatamiento de las reglas era la disciplina y la perseverancia.

Se nos enseñaba a ser proactivos para estar predispuestos a anticiparnos a los deseos y gustos de nuestras compañeras, a realizar nuestras tareas propias de buenos hombre sumisos, a saber esperar humildemente cualquier orden, y a solicitar permiso con muchísimo respeto para servir cuando había una chica presente. En la ágora no tenían cabida los peleles, los alumnos muebles como las maestras decían, pues debíamos ser sumisos proactivos y obedientes.

Nuestras compañeras nos trataban cada vez más de forma subordinada y siempre sacando lo mejor de nosotros como el bien preciado que éramos para ellas. Sabían muy bien que estábamos a su servicio y ellas sabían sacarnos provecho al máximo de nuestro rendimiento. Las maestras instruían en ese cometido a las chicas, a ser unas buenas mujeres dominantes, a saber gobernarnos con firmeza y con justicia, y a ser nuestros referentes y guías. Las chicas aprendían rápido y ejecutaban pronto todo lo aprendido, tanto en la matria como en la ágora.

Recuerdo la de recreos que me pasé haciendo masajes de pies a mis compañeras, una práctica incentivada por las maestras con una doble función, a nosotros para saber cuidarlas y asegurarnos que estén cómodas y a ellas para estar relajadas y sentirse poderosas, pues era crucial para que chicos y chicas nos mentalizásemos en nuestro rol, pero no a todas les gustaba los masajes de pies y existían otras alternativas como servir de asiento a nuestras compañeras, que por lo general era en nuestra tripa, espalda o pecho, llegando a ver a tres compañeras de clase sentadas sobre el mismo chico mientras veían jugar al resto de clase a la pelota, que ellas aprendían en clases de dominación erótica y sexual.

En nuestro sistema educativo existen las mismas asignaturas de matemáticas, lengua, química, filosofía, etc, que hay en vuestro mundo, salvo que hay un orden jerárquico señalado para hombres y mujeres que conjuntamente y en armonía aprenden a realizar, y una serie de asignaturas distintas o más desarrolladas, que si bien las de índole sexual existen en vuestro mundo, aquí en el nuestro tienen otro fin diferente, o también las clases de servicio y protocolo que en vuestro mundo no existen, pero que os contaré a continuación.

Comentarios

  1. Maravilloso ese mundo. Como me gustaria vivirlo desde los cinco años.

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