La Gina en Matria (presentación)

La Matria y la Gina es el núcleo central de la sociedad ginárquica, y que cada una, independientemente de la corriente a la que pertenezca, es lo que hace que la Ginarquía sea el sistema socio-político hegemónico y predominante en mi mundo, y por eso quiero presentar a los miembros de mi familia, de la Matria y la Gina en la que crecí en sus valores.

Os comenté que llegué a conocer a mi bisabuela, que se llamaba Melia, pero no tengo mucho recuerdo de ella porque cuando murió yo apenas tenía 9 años. Era la Matriarca de la Gina, la madre de mi abuela, y en mi memoria la tengo como una señora de avanzada edad sentada en su sillón mientras contemplaba todo a su alrededor, y es que contaba con 103 años cuando la vi por última vez. Fue una mujer que tuvo siete hijas y cuatro hijos, y por lo que me contaba mi madre y mi abuela, era muy práctica y de pocas palabras, bastante seria y distante, aunque no era para nada apática ni borde. Por parte de mis primos y tíos mayores, mi propio abuelo y mi padre que fueron quienes sufrieron sus azotainas, era muy dura aplicando castigos y mis primos me cuentan que temblaban en su presencia, mientras que mis primas y tías, me han contado siempre que, aunque no hablaba mucho, tenía el don de acertar cuando lo hacía y de calar sobre todo a los miembros masculinos de la Gina, y que aprendieron mucho de sus enseñanzas prácticas y escuetas.

Cuando mi bisabuela falleció, mi abuela, que se llamaba Milda y era la menor de sus hermanas, no se convirtió en la Matriarca de su propia Gina hasta que nació su primera nieta, mi prima Tera, por lo que la Gina estuvo liderada por la hermana más mayor de mi abuela que tenía su propia Gina, hasta que sus hermanas fueron teniendo sus primeras nietas para formar su propia Gina. 

Mi abuela tuvo tres hijas y un hijo, mis tías Milda, Birta, mi madre Lutia, y mi tío Cesio. Era una mujer distinta a mi bisabuela, pues era muy habladora, alegre, muy cariñosa y cercana, aunque sí heredó su habilidad en aplicar buenas azotainas sin dejar de usar su oratoria persuasiva cuando nos administraba sus castigos. Siempre me sorprendió esa diferencia de temperamento, carácter y personalidad entre mi abuela y mi bisabuela, pero cuando conocí a las hermanas de mi abuela me di cuenta de que cada persona desarrollaba sus propias características y que algunas facetas se podría heredar y otras no. 

Conmigo mi abuela era muy dulce, y en secreto me decía que yo era su nieto favorito y que lo guardase en secreto si no quería recibir una buena paliza, porque eso sí, mi abuela no hacía distinciones ni tratos de favor, aunque yo sentía un trato diferente en cómo me trataba a mi y luego a mis primos y hermanos. Me encantaba mi abuela y la recuerdo con mucho cariño, una mujer asertiva que sabía ejercer su dominio y autoridad con un tacto que a mi me chocaba cuando veía actuar a las hermanas de mi madre.

Ella dirigía un taller y se fijó mucho en uno de los trabajadores que era esclavo del Estado y fue destinado allí, aunque eso de que era esclavo os lo contaré cuando os hable de la esclavitud en otro momento, y es que parecer mi abuela era el verso suelto de sus hermanas, algo que las mujeres sí podían permitirse, y mi bisabuela sin presionarla demasiado se extrañaba que aún no hubiese elegido a un hombre para que fuera su consorte hasta que conoció a mi abuelo, pues le hacía mucha gracia su acento y era muy ocurrente. Mi abuelo era un hombre peculiar, por supuesto muy sumiso y devoto de mi abuela, pero a mi abuela le encantaba darle manga ancha hasta que decidía que ya era momento de ponerle en su sitio, como le gustaba decir. A ella le encantaba que se rebelase y le pusiese a prueba, pero mi abuelo bien sabía que mi abuela le aplicaría una buena disciplina cuando ella mandase parar. Luego supe que algunas mujeres les gustaba incitar a sus consortes a actuar de esa manera, y mi abuela fue una de ellas.

La primogénita de mi abuela, la hermana más mayor de mi madre, era mi tía Milda, una mujer muy enérgica y elocuente, con un carácter y un temperamento muy fuerte que a mi me inspiraba mucho miedo aparte de respeto, aunque cuando se dirigía a mi lo hiciese con tono jocoso. Era de la guardia morada, el cuerpo de seguridad del Estado, lo que explicaba su forma marcial de relacionarse con los miembros masculinos de la Gina. Su consorte, mi tío Rufi, era una hombre que estaba a sol y sombra de mi tía, y mi tía quiso que se encargase únicamente de la casa, siendo así mucho más abnegado y entregado a ella, lo que disgustaba a mi abuela que lo consideraba la versión contraria de su consorte, o sea mi abuelo, porque ni siquiera mostraba un ápice de acción, aunque realmente a mi tía su timidez le resultaba muy tierno y le encantaba ponerle nervioso delante de la Gina, cosa que él se moría de vergüenza y ella se reía al ver cómo reaccionaba. Mi tía tuvo dos hijas, mis primas Tera y Melia y mi primo Gero. Mis primas salieron totalmente a su madre, eran calcadas como su hubiesen sido proyectadas a su imagen y semejanza que no me extraña que siguieran el camino de su madre, y mi primo salió totalmente idéntico a su padre.

Mi tía Birta era la segunda de las hermanas de mi madre, muy habladora como mi abuela, se caracterizaba por su humor ácido y mordaz, era muy inteligente y perspicaz que por eso me encantaba mucho estar con ella y escuchar sus anécdotas y enseñanzas, ya que era inspectora de trabajo y tenía mucho que contar, lo que le hacía muy original y tremendamente ingeniosa a la hora de impartir disciplina a los miembros masculinos de la Gina. Su consorte mi tío Lulo, trabajaba en un almacén, y era un hombre muy risueño y soñador, lo que ocasionaba las bromas y tretas de mi tía que le gustaba picarle a causa de sus ensoñaciones. Mi tía tuvo dos hijas y dos hijos, mis primas Birta y Maika, y mis primos Lulo y Sule. Esta vez no es que mis primas no saliesen a su madre y mis primos a su padre, pues era lo normal, pero sí puedo decir que mi prima Birta sacó el humor irónico de su madre y mi prima Maika el carácter risueño de su padre, y lo mismo de mis primos Lulo y Sule, aunque el ingenio a la hora de aplicar disciplina lo sacaron completamente mis primas.

Ahora llega el turno de la tercera de las hermanas, mi madre Lutia, la Señora de la Matria a la que vine al mundo. Mi madre era muy racional y controladora, y con una capacidad organizadora deslumbrante, aunque también era muy amorosa y protectora, sin por ello dejar de exigirnos el máximo a mis hermanos y a mi, siendo muy estrictos cuando tenía que castigarnos y disciplinarnos. Ella trabajaba en la banca en puestos directivos como correspondía a una mujer, y tuvo de consorte a mi padre, que se llamaba Vire y trabajaba de auxiliar en un ambulatorio, un hombre muy devoto de mi madre, muy proactivo en la que a veces proponía y mi madre siempre disponía, un tipo de hombre que gustaba a mujeres como mi madre puesto que son hombres que se esfuerzan en adelantarse a los acontecimientos, en vez de solo reaccionar a los mismos, pero que sabía cuál era su sitio y que aunque mi madre apreciaba el esfuerzo de mi padre, no siempre le salía bien por su condición y aprendizaje, y mi madre por su tendencia controladora y mayor capacidad, le hacía a ella con más ganas y más predispuesta a adelantarse a cualquier tipo de situación.

Mi madre tuvo tres hijas, mis hermanas Ania, Katia y Lune, y tres hijos, mis hermanos Ferno, Petro y yo (Ivani). Mi relación con mi madre no fue distinta a la de mis hermanos y hermanas, aunque a mi madre le gustaba darnos un trato particular a cada uno, y conmigo siempre fue muy comprensiva incluso cuando me castigaba, muy amorosa en mi niñez y muy aleccionadora en mi adolescencia hasta llegar a la edad adulta, lo que influyó en mi relación con el resto de mis hermanas y hermanos. Ania era nuestra hermana la mayor y la que mas salió a mi madre en su tendencia controladora, destacando por su exigencia por ser más distante conmigo y sus hermanas que con sus hermanas, que a mi abuela le recordaba su madre nuestra bisabuela. Mi hermana Katia destacaba más por su capacidad de organización como lo era mi madre, mano de hierro y guante de seda, era más persuasiva y con un tipo de humor muy parecido al de mi tía Birta, siendo para mi como una segunda madre. Mi hermana Lune, la más pequeña de mis hermanas, era muy impulsiva y competitiva, y un verso suelto como mi abuela en palabras de mi madre, que nos tenía a raya a mis hermanos y a mi.

Pues ya os he presentado a mi Gina y mi Matria en la que crecí, y podría haberos hablado de la Gina de mi bisabuela, de su propia Matria y de las Matrias de las hermanas de mi abuela como de sus Ginas que crearon cuando nacieron sus primeras nietas, pero os aseguro que daría para mucha historia que contar y tampoco os quiero cansar, y sí, estaréis pensando que me dejo algo, a mi tío Gero el único hijo que tuvo mi abuela, pero como ya sabéis, en mi mundo un hombre tiene dos ginas y dos matrias y tenía 3 años cuando mi tío se convirtió en consorte, y solo deciros que le volvía a ver cuando coincidía que yo estaba en casa de mi abuela cuando y él iba de visita, aunque mi abuela trataba que mis hermanos, primos o yo estuviésemos presente cuando él iba para que así supiéramos de primera mano que hombre nace en una Gina y muere en otra Gina, en donde se hacían los mismos rituales y celebraciones, que si me dejáis descansar, os contaré enseguida.




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